Un viaje hacia la felicidad – Parte 1

Sonó el teléfono, Lucia estaba durmiendo. Estela se giró y lo cogió.
-¿Si?- dijo con voz de dormida.
-¿Estabas durmiendo?
-Si, ¿qué quieres mamá?
-¿Cuantas paradas te quedan para llegar?- Estela abrió los ojos de golpe. Mierda pensó. Miró el reloj. Eran las 12 de la mañana. Se levantó de golpe de la cama. A la 1 tenía la boda de su hermana y todavía le quedaban 45 minutos de camino por delante.
-Mamá te llamo luego.
Estela empezó a vestirse a toda prisa. Lucía se despertó cuando a Estela se le cayó el neceser con todo el maquillaje.
-¿Qué pasa?
-Cariño, son las 12 y cuarto me voy corriendo o no llego.- Recogió lo del suelo, le dio un beso y se fue corriendo.
Entró en el tren justo cuando sonaba el último aviso. Se sentó al final del vagón y miró su reflejo en la ventana. Estaba despeinada y sin maquillar. Abrió la cremallera del neceser y empezó a maquillarse. Un chico joven, con una carpeta en la mano se sentó a su lado y la miró extrañado. Estela se dio cuenta.
-¿Pasa algo?-El chico se quedó cortado.
-No, solo que… después de comprar la ropa tienes que quitarle la etiqueta.
Se giró y efectivamente por su espalda colgaba una etiqueta enorme con la marca del vestido. Intentó quitársela sin éxito.
-¿Perdona podrías ayudarme a quitármela?
Mientras tanto Lucía seguía en la cama, mirando el techo, pensando en la perfecta noche que había pasado. Ella y Estela se habían reunido con las demás en el bar de siempre dispuestas a pasar una noche de risas. Llegaron las primeras, como siempre. Veinte minutos después llegaron Sandra y Vicky. Poco después las demás, Amanda, Paula y Verónica.
-¡A buenas horas mangas verdes!- dijo Lucia cuando llegaron las tres últimas.
Sandra, Vicky y Estela se pusieron a reír.
-No es problema mio si Paula necesita dos horas para ponerse guapa.- dijo Verónica. Paula la miró alucinada. Las demás empezaron a reír como locas. Paula era la más masculina de todas, ella era capaz de levantarse y a los 3 minutos estas apunto para salir a la calle. Solo necesitaba una camiseta, unos pantalones y peinarse un poco con las manos. Por lo contrario, Verónica era la chica más presumida de todas, solo en escoger la ropa tardaba más de 45 minutos. Y normalmente cuando ya tenia la roma escogida, se la probaba y se daba cuenta que no había hecho una buena elección. Ella no se conformaba y volvía a buscar en el armario algo mejor.
“Eso solo fue el principio de una noche llena de risas”, pensó Lucia. Se dio la vuelta y abrazó la almohada. Lástima que Estela se hubiera ida tan pronto.
Estela seguía en el tren maquillándose, el chico había conseguido quietarle la etiqueta sin dañarle el vestido, había tardado más de cinco minutos pero lo había conseguido. Guardó el lápiz de ojos, se miró en la ventana. “Estoy horrorosa”, pensó. No estaba para nada acostumbrada a maquillarse y se notaba, como tampoco estaba acostumbrada a llevar vestido y tacones, ya que estaba en el tren sentada con las piernas abiertas y todo el mundo podía verle las bragas. Cogió el mini bolso donde solo le cabían las llaves y el móvil. Cogió el móvil. La foto de Lucia y ella en el fondo de la pantalla le hizo sonreír. ¿Debía llamarla? ¿Y si estaba durmiendo? Pensó en llamarla más tarde, no iba a arriesgarse a que estuviera durmiendo y despertarla.
A Estela le esperaba un día largo. La boda de su hermana. Esa hermana con la que nunca se había llevado bien. Esa hermana con la que su madre no paraba de compararla.
-¿Por qué no haces como tu hermana y te compras un vestido bonito para la cena del sábado?
-No me gustan los vestidos mamá, ya lo sabes.
-Deberías ser más femenina como ella.
No solo con el tema de la roba su madre la comparaba con su hermana sino también con las notas.
-¿Por qué no aprendes de tu hermana? Ella ha sacado un 9 en historia. ¿No puedes parecerte un poco a ella?
Pero el tema de la ropa y de las notas le daban igual a Estela. A ella lo que más les molestaba era: “Pero Estela, ¿no puedes buscarte un novio como ha hecho tu hermana?”.
Esa hermana, la única que tenia, se iba a casar con su novio de toda la vida y ella tendría que poner buena cara y hacer como si eso le importara. De hecho casi ni había hablado con ella des de que Estela se independizó hacia ya dos años. Solo había intercambiado cuatro palabras durante las comidas familiares, aunque Estela intentaba por todos los medios no acudir a ellas. En esas comidas siempre salía su madre preguntándole: “¿y todavía no has conocido a ningún chico?”. Y después venia la parte en que su madre le repetía que debía parecerse más a su hermana. Su hermana, Alexia, se reía y ponía una sonrisa de satisfacción para el resto de la comida después de todos los elogios que su madre le había dado. Alexia tenía dos años más que Estela, pero en madurez Estela le ganaba en cuatro.
Llegó a la parada. Intentó correr pero le fue imposible con los zapatos de tacón. Sin pensárselo se quito los zapatos y empezó a correr. Por suerte la iglesia estaba cerca de la estación de metro. Corrió hasta llegar. La puerta estaba cerrada. La abrió intentando hacer el menor ruido posible. Avanzo hasta la primera fila donde estaba su madre mirándola con su mirada asesina.
Lucia se estaba vistiéndose después de una relajante ducha. Ya que Estela no estaba, pensó en ir al restaurante de su amigo Arturo, allí comería y luego volvería a casa para corregir los exámenes de primero de la ESO. Decidió dejar las redacciones de tercero para el lunes ya que no tenía clase con ellos hasta el martes. El restaurante de Arturo estaba a una hora de casa y decidió coger la moto por si se encontraba mucho tráfico y por qué así le seria más fácil aparcar.
-Hola Lucia. ¿Una mesa para dos?
-No, hoy vengo sola German.
-Perfecto, pues ahora te preparamos la mesa de siempre y voy a avisar a Arturo.
Lucia se sentó en el sofá de la entrada, miró la carta. Pensó en pedirse algo diferente, algo que no fuera ensaladilla de primero y entrecot con patatas de segundo.
-Lucia, tu mesa esta lista.
-¿Cómo estas Arturo? Hace mucho que no se de ti.
-Pues aquí estamos, trabajando un poquito. ¿Ya sabes que vas a tomar?
-Si, lo de siempre.
-El día que pruebes algo distinto te voy a llevar al medico.
-Que gracioso eres Arturo, a ver si la próxima vez no voy a venir aquí y me voy al restaurante de enfrente.
-¡A ver si tienes cojones!
-Cojones no, pero ovarios sí.
Los dos se rieron. Arturo se fue y ella se quedó mirando por la ventana. Le encantaban las vistas. Le encantaba ver los niños que jugaban en el parque. Como subían y bajaban por el tobogán. Como corrían detrás de una pelota. Le encantaban los niños y tenia clarísimo que seria madre algún día. Siempre que iba allí con Estela intentaba hablar del tema, pero Estela siempre la interrumpía pidiendo más vino. Estaba claro que Estela no quería ni oír hablar del tema. Lo máximo que le había sacado Lucia era que ella no quería parir pero que si que le gustaría tener hijos pero más adelante. Lucia estaba de acuerdo, no quería tener hijos ahora, era demasiado joven para eso.
Arturo le llevó la ensaladilla.
-¿Quieres pan?
-Si que estas bromista hoy Arturo, ¿he comido algún día pan con la ensaladilla?- Arturo se rio.- ¿Qué estas intentando? Ah, vale ya lo entiendo, ¿es por eso que te dije del sexo no?-Arturo sin parar de reírse asintió con la cabeza.
Una semana antes de esto…
-¡Hola Arturo! ¿Cómo lo llevas?
-Fatal, tengo en la mesa 8 una señora muy desagradable que no para de quejarse por todo. Tiene una mala ostia.- Lucia miró hacia el fondo.
-¿La de rojo que esta con el hombre?
-Si, no puedo con ella.
-Eso es por que ayer no le dio…-Pasó un camarero por su lado.
-¿Qué quieres decir con eso?
-A ver, una mujer que esta satisfecha, pasara un buen día, de buen humor, una mujer que pide sexo y su maridito no se lo da, el día siguiente estará de muy mal humor y lo pagara con todo el mundo.
-¡Eso son chorradas! Esta es una borde y punto.
-Vale, lo que tu quieras, pero compruébalo, veras como tengo razón.
-Si, que voy y le digo: Perdona, de segundo quieres carne o pescado, ah por cierto, ¿ayer tuviste sexo?- Lucia empezó a reír.
-Pues si. – Seguía riendo. – No, a ver, lo que tienes que hacer es comprobarlo con gente que tengas cerca, de confianza.
Por eso Arturo había intentado ponerla de mal humor, si no lo conseguía es que había tenido sexo, según la teoría de Lucia. Arturo insistió.
-¿Pero hubo sexo o no?- Los dos se pusieron a reír.
Estela se sentó al lado de su madre, en la punta del banco. Por como la miraba su madre estaba claro que le iba a caer una broca peor de la que tubo cuando le rompió la carísima tele de plasma con un pelotazo. Su madre le había repetido mil veces que no se jugaba a pelota dentro de casa.
Estela odiaba las bodas, las consideraba teatro, puro teatro.
-Juan, ¿Quieres a Alexia como tu legitima esposa?
-Si quiero.
-Alexia, ¿Quieres a Juan como tu legitimo esposo?
-Si quiero.
-Yo os declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia.
A Estela le venían arcadas. Por fin la boda acabó y todos salieron de la iglesia. Estela conocía a poca gente, algunos primos lejanos y alguna que otra amiga de su hermana. Tenia clarísimo que comería y saldría de allí por patas poniendo cualquier excusa.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s