Pisando mierda – Parte 13

-Bueno Joy, supongo nos veremos algún día.
-Claro que si, por favor llámame algún día. Y por favor no te olvides de mí. Tú para mí siempre serás como un hermano.
Acabamos los dos llorando, me fui llorando. De camino a casa no paraba de pensar en todos los momentos que viví a su lado. Podría contar tantas cosas sobre él, tantas anécdotas, no terminaría nunca. Y encima me tocaba enfrentarme a mi madre, a Sara y a sus hijas sin que él estuviera a mi lado y sin sus consejos. Estaba casi llegando a casa, sonó mi móvil, no podía cogerlo. Abrí la puerta del garaje y después de aparcar la moto mire quien me había llamado. Era Mónica. La llamé.
-Hola.-le dije un poco cortada después de todo lo que había pasado por la mañana.
-Hola reina, ¿como ha ido la vuelta a casa? No te he llamado antes por que he pensado que estarías cabreada.
-Bueno, me he enfadado con Sara y me he ido a casa de Raúl.
-¿Y has comido?
-No, pero la verdad es que tampoco tengo hambre.
-Tienes que comer…-La puerta del jardín se abrió y entró mi madre.
-Oye, luego te llamo.
Estaba metida en un buen lio. Pero después de todo lo que había pasado con Mónica y después de despedir a Marcos, me daba bastante igual.
-Hola Joy, ¿Qué haces aquí abajo?
-Mm… Mejor sube y que empiece a contártelo Sara por el principio.
Subimos por las escaleras en silencio. Ese momento de ir detrás de mi madre a pedir explicaciones a otra persona me recordaba tanto a cuando estaba papá. Él siempre estaba en casa, trabajando pero en casa y eso hacia que se enterara de todo. Si llamaba alguien, si llegaba tarde, si hacia mucho ruido… Él estaba allí en el comedor con su ordenador y nunca decía nada, ni un “llegas tarde”, ni un “baja la música”. Él se lo callaba todo y cuando llegaba mamá se lo contaba y ella me castigaba e intentaba razonar conmigo, aunque siempre decía que no lo conseguía. Hacia tanto que no había un momento de estos, de pedir explicaciones y luego castigar… Cuando se fue papá desaparecieron. Ya nadie me controlaba, nadie me decía nada, podía hacer lo que me diera la gana…
-A ver si lo he entendido, no has ido a clase, has llegado tarde a casa y encima te has cabreado con Sara y te has ido de casa cuando estabas castigada. ¿Qué? ¿Lo he entendido bien o hay algo más que todavía no sepa?-Silencio.- ¿Lo he entendido bien?
-Si…
-Ah, muy bien ¿Y que te parece?
-Mal.
Carla y Sofía bajaron corriendo por las escaleras. Carla iba delante gritando: ¡Mamá, me quiere pegar! Y Sofía iba detrás gritando: ¡Me ha roto el poster, mamá!
Por primera vez me alegré de que estuvieran en casa. No podían llegar en mejor momento. Tenia que decidir si ser una cobarde, y no enfrentarme a mi madre o ser valiente y contarle lo que había pasado, claro esta saltándome la parte de Mónica y yo en el parque.
Mi madre pidió a Sara que se fuera con sus hijas a discutir a la cocina para que pudiéramos hablar. Yo seguía pensando en mi respuesta. Mi madre volvió a insistir.
-¿Entonces que?
-Déjame contarte lo que ha pasado. -Silencio. Inspirar. Expirar.-He llegado a clase y…
-¿Y que?
-Y… Mónica me ha dicho que se encontraba mal, si la podía llevar a casa. Y al llegar a su casa ha empezado a vomitar y no quería dejarla sola. Y se me ha pasado la hora, y luego… Sara ha empezado a acusarme… Y me he ido al jardín y cuando estaba allí me ha llamado Marcos… Mamá.-No me dio tiempo a terminar la frase. Julia entro por la puerta de casa gritando mamá como si se fuera a terminar el mundo. Sara salió de la cocina seguida por sus dos hijas, las dos sin dejar de hablar.
-¡Silencio!- Las tres se callaron de golpe. – A ver Sofía ya sé que Carla te ha roto el poster y ya te he dicho que como castigo ella, con su dinero, te va a pagar uno de nuevo. Así que ya has oído Carla ya puedes pensar de donde vas a sacar el dinero, bueno mejor dicho yo te voy a decir de donde, limpiaras tu habitación toda la semana y yo te daré el dinero justo para que le compres el poster a tu hermana. Y no quiero oír nada más sobre el tema.- Carla y Sofía se fueron con cara de indignación. Mi madre y yo observábamos la escena desde el sofá. Julia y Sara seguían de pie. – ¿Y a ti Julia que te pasa?
-Mamá, Andrea se ha pasado tres pueblos, estábamos en el recreo y va la tía…
-Perdona Julia, pero… ¿podéis hablarlo en la cocina? Vale, después de esta interrupción, te ha llamado Marcos ¿y que?
-Y… se va vivir a Madrid.
-¿Con quien? -Volví a respirar hondo. Nunca le había dicho a mi madre que Marcos es gay, él era mi tapadera ¿como iba a decirle eso? Entonces se iba todo a la mierda, pero por otra parte… Marcos ya no podría ser mi excusa, pero claro entonces todas las excusas anteriores se iban a la mierda. Habíamos hecho creer a todos que éramos pareja y ahora decir que él era gay…
-Con un amigo.
-¿Por qué?
-Su padre lo ha echado de casa.
-Nunca he entendido esta historia, ¿pero que les pasó? ¿Por qué su padre lo trata así?
-No lo sé.-Miré al suelo. Eso me delató.
-Si lo sabes.-Silencio. ¿No confías en mí?

CONTINUARA…

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