Las personas sólo mueren cuando se deja de hablar de ellas

Los que me conocen saben que no me gusta hablar de mí, pero hoy me ha apetecido dejar las historias irreales para contar algo real.

Hace tres meses que te fuiste, aún me cuesta no preguntar por ti, aún me cuesta hablar de ti. Siempre fuiste mi único abuelo. Y tengo muchos recuerdos de ti. Sigo repitiendo tus frases, esas frases que estaba harta de escuchar y que ahora me encantaría volver a oír de tu boca. Recuerdo ir a tu casa de pequeña a dormir allí y encontrarte siempre sentado en tu silla apoyado en el mueble del comedor, siempre tenías puesto el canal deporte y tú siempre con el Madrid, cuando ponías la radio para escuchar el partido y lo mirabas por la televisión, y discutías con los árbitros. Yo del Barça, tú del Madrid y podíamos pasarnos horas discutiendo, al final yo desistía y tú seguías con que el Madrid es mejor.  Podría pasarme horas escribiendo, pero tampoco serviría de nada. Hacia los últimos días me dijiste: Me gusta que vengas todos los viernes por que es el único rato que tu abuela se ríe.

Me dijiste muchas veces que estabas mal…

-¿Dónde va la guitarrista?

-¿Vienes de entrenar?

Muchas veces me viene a la mente cuando estabas en el hospital y yo ya me iba y te dije: ¿me das un beso? Y tú me dijiste: te doy los que quieras. Ese día me fui con una gran sonrisa en la cara, todo y sabiendo que podría ser de las últimas veces que te viera.

Te echo de menos.

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