Una carta

Cojo una hoja en blanco y no me salen las palabras. Pienso en ti y me pasan mil cosas por la cabeza, se me dibuja una sonrisa en la cara pero no consigo plasmar nada en papel. Intento expresarme, buscar las palabras e incluso intento cambiar el idioma. Nada funciona. Me enfado, me levanto y me voy. No estoy inspirada. Espero un rato y vuelvo, pero no puedo, como más lo intento menos me sale. Decido dejarlo, no pierdo nada. Pero no me quito de la cabeza todo eso que quiero escribir y no puedo. Pienso en ti y sonrió. Pienso en ti y pienso en todo eso que hemos hecho juntas. Pienso en Barcelona de noche. Pienso en ti bailando delante de mí. Pienso en mi habitación. Pienso en un beso y otro beso y otro beso… Pienso en salir de clase y ver tu bonita sonrisa que me espera. Pienso en tus abrazos. Te veo delante de mí en un bar, comiendo por primera vez juntas. Te veo cocinando mientras yo te abrazo por detrás. Pienso en tantas cosas… Y en todas ellas no paro de sonreír, no puedo evitarlo. Intento buscar un mal momento contigo y no lo encuentro, vuelvo a sonreír de nuevo. No sabes cuánto te quiero. He oído muchas veces de diferentes bocas: “Nunca había sentido esto por nadie, ni con Roberto, ni con Carlos”. Para mí eres la primera y quiero que seas la única. No quiero que haya nadie más en mi vida que no seas tú. Solo te necesito a ti. Contigo ya lo tengo todo. Y estoy convencida de ello y también sé que muchos y muchas me dirán que estoy loca y que no tengo ni idea, y que soy demasiado joven para saber eso. Esta historia ya me la conozco. Muchos creen que soy una niña, que no tengo ni idea de lo que quiero, nadie me cree. Pero yo desde los 12 años tuve claro lo que me gustaba y desde que te vi tuve claro que quería estar contigo el resto de mi vida. Tengo suerte, cada día estoy más convencida que no me equivocaba. Aún así, pocos me creerán. Muchos no lo dirán pero si lo pensarán. “Esto solo es un amor pasajero, dentro de unos meses ya se les habrá pasado”, “Ya se le pasará, le queda mucho por aprender”. Pero yo la miro y no encuentro estas frases, yo veo algo totalmente distinto: “Hacen buena pareja”, “Se nota que se quieren”, “No creo que nadie pueda acabar con tanto amor”. Entonces reflexiono, lo pienso un instante y no lo entiendo. ¿Por qué ellos no ven lo mismo que yo? ¿Qué les impide ver cómo nos sentimos? Vuelvo a pararme en seco, miro a mi alrededor y veo gente distinta a nosotras. Los miro y no los veo como gente rara, simplemente nos gustan cosas distintas, pero ¿ellos que es lo que ven? A lo mejor ven algo a lo que no están acostumbrados, algo que no conocen y que les da miedo. Entonces les miras y te sonríen “Yo te respeto y te comprendo”. Respiras y te das cuentas que son solo palabras vacías de contenido, que realmente no lo sienten así, que se asemejan a otras frases como “ yo no soy racista” pero acto seguido de decir eso ves como miran con desprecio a alguien de otro país, como les llaman inmigrantes y se quejan de cómo les quitan el trabajo. Entonces, ¿porque son tan falsos? ¿Se creen que así somos felices? Pensando que nos comprenden, que nos entienden y que nos aceptan. Y por un momento lo puedes llegar a pensar y realmente hay gente que lo piensa y lo notas al instante, pero a lo mejor encuentras 1 de cada 10. Les sonrió, le sonrió a todo el mundo que me respete y me enfado cuando me han dicho que me respetan y luego sueltan comentarios que no vienen a cuento. ¿Qué debe pasar por su cabeza? ¿Qué hay que no puedan llegar a ver todo eso que yo veo? ¿Porque ellos lo ven mal y yo lo veo bien? ¿A caso no nos han educado igual? ¿A caso no nos han dicho que algo está mal cuando haces daño a alguien? ¿A quién daño yo? Por mucho que lo hable con mil personas distintas y las veces que sea necesario, sigo sin entender cómo pueden ver ellos mal algo que para mí es normal y forma parte de mí. Algo que no puedo cambiar. Algo que ahora, gracias a ti, sé que no está mal. Algo que tú me has enseñado a vivir con naturalidad. Algo que antes veía como ellos. Si yo he podido cambiar mi visión sobre todo esto, ¿Por qué ellos no pueden cambiar la suya? ¿Por qué tenemos que seguir “Saliendo del armario”? ¿No podemos simplemente presentar a nuestra pareja sin más? No, nosotros tenemos que etiquetarnos y luego mostrar nuestra etiqueta a todo el mundo y así poder clasificarnos en grupos y no mezclarnos los “buenos” con los “malos”, para así dejar crecer estereotipos y no llegar nunca a conocer a nadie del otro bando, o conocerlo y decirle: “Yo te respeto y te comprendo”. Criticar sin conocer y suponer aspectos y actitudes. La prueba esta hecha, en cuanto conocen se sorprenden que todo eso que pensaban y todos los estereotipos que habían creído se derrumban, ahora están convencidos pero no van a dejar que nadie lo sepa, al menos nadie de su bando, eso solo haría que llegaran a pensar que han cambiado de bando. ¿Cuánta gente no va al orgullo gay para que no la tachen de homosexual? ¿Cuánta gente conoce a gente homosexual y no para todos los estereotipos y sigue riéndose con los chistes homófobos? ¿Cuántos ocultan que su hijo o hija, amigo o amiga, vecino o vecina es homosexual? Vivimos en un país de falsos. La mayoría dice ser algo que no es solo para quedar bien delante de los demás y de esta forma evitar que los otros puedan pensar o incluso tachar de algo distinto al resto, a la mayoría. Lo vuelvo a leer y lo pienso nuevamente. Te quiero y no me avergüenzo de ello. Te amo y lo voy a gritar a los cuatro vientos. No me avergüenzo de lo que soy ni de lo que siento. Solo puedo agradecerte a cada instante todo lo que me enseñas cada día. Gracias por hablar conmigo de esto todas las veces que lo he necesitado. Gracias por hacerme sentir que no debo temer por nada. Gracias por estar conmigo. Pero sobre todo, gracias por quererme y dejar que te quiera. Te amo.

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Un viaje hacia la felicidad – Parte 1

Sonó el teléfono, Lucia estaba durmiendo. Estela se giró y lo cogió.
-¿Si?- dijo con voz de dormida.
-¿Estabas durmiendo?
-Si, ¿qué quieres mamá?
-¿Cuantas paradas te quedan para llegar?- Estela abrió los ojos de golpe. Mierda pensó. Miró el reloj. Eran las 12 de la mañana. Se levantó de golpe de la cama. A la 1 tenía la boda de su hermana y todavía le quedaban 45 minutos de camino por delante.
-Mamá te llamo luego.
Estela empezó a vestirse a toda prisa. Lucía se despertó cuando a Estela se le cayó el neceser con todo el maquillaje.
-¿Qué pasa?
-Cariño, son las 12 y cuarto me voy corriendo o no llego.- Recogió lo del suelo, le dio un beso y se fue corriendo.
Entró en el tren justo cuando sonaba el último aviso. Se sentó al final del vagón y miró su reflejo en la ventana. Estaba despeinada y sin maquillar. Abrió la cremallera del neceser y empezó a maquillarse. Un chico joven, con una carpeta en la mano se sentó a su lado y la miró extrañado. Estela se dio cuenta.
-¿Pasa algo?-El chico se quedó cortado.
-No, solo que… después de comprar la ropa tienes que quitarle la etiqueta.
Se giró y efectivamente por su espalda colgaba una etiqueta enorme con la marca del vestido. Intentó quitársela sin éxito.
-¿Perdona podrías ayudarme a quitármela?
Mientras tanto Lucía seguía en la cama, mirando el techo, pensando en la perfecta noche que había pasado. Ella y Estela se habían reunido con las demás en el bar de siempre dispuestas a pasar una noche de risas. Llegaron las primeras, como siempre. Veinte minutos después llegaron Sandra y Vicky. Poco después las demás, Amanda, Paula y Verónica.
-¡A buenas horas mangas verdes!- dijo Lucia cuando llegaron las tres últimas.
Sandra, Vicky y Estela se pusieron a reír.
-No es problema mio si Paula necesita dos horas para ponerse guapa.- dijo Verónica. Paula la miró alucinada. Las demás empezaron a reír como locas. Paula era la más masculina de todas, ella era capaz de levantarse y a los 3 minutos estas apunto para salir a la calle. Solo necesitaba una camiseta, unos pantalones y peinarse un poco con las manos. Por lo contrario, Verónica era la chica más presumida de todas, solo en escoger la ropa tardaba más de 45 minutos. Y normalmente cuando ya tenia la roma escogida, se la probaba y se daba cuenta que no había hecho una buena elección. Ella no se conformaba y volvía a buscar en el armario algo mejor.
“Eso solo fue el principio de una noche llena de risas”, pensó Lucia. Se dio la vuelta y abrazó la almohada. Lástima que Estela se hubiera ida tan pronto.
Estela seguía en el tren maquillándose, el chico había conseguido quietarle la etiqueta sin dañarle el vestido, había tardado más de cinco minutos pero lo había conseguido. Guardó el lápiz de ojos, se miró en la ventana. “Estoy horrorosa”, pensó. No estaba para nada acostumbrada a maquillarse y se notaba, como tampoco estaba acostumbrada a llevar vestido y tacones, ya que estaba en el tren sentada con las piernas abiertas y todo el mundo podía verle las bragas. Cogió el mini bolso donde solo le cabían las llaves y el móvil. Cogió el móvil. La foto de Lucia y ella en el fondo de la pantalla le hizo sonreír. ¿Debía llamarla? ¿Y si estaba durmiendo? Pensó en llamarla más tarde, no iba a arriesgarse a que estuviera durmiendo y despertarla.
A Estela le esperaba un día largo. La boda de su hermana. Esa hermana con la que nunca se había llevado bien. Esa hermana con la que su madre no paraba de compararla.
-¿Por qué no haces como tu hermana y te compras un vestido bonito para la cena del sábado?
-No me gustan los vestidos mamá, ya lo sabes.
-Deberías ser más femenina como ella.
No solo con el tema de la roba su madre la comparaba con su hermana sino también con las notas.
-¿Por qué no aprendes de tu hermana? Ella ha sacado un 9 en historia. ¿No puedes parecerte un poco a ella?
Pero el tema de la ropa y de las notas le daban igual a Estela. A ella lo que más les molestaba era: “Pero Estela, ¿no puedes buscarte un novio como ha hecho tu hermana?”.
Esa hermana, la única que tenia, se iba a casar con su novio de toda la vida y ella tendría que poner buena cara y hacer como si eso le importara. De hecho casi ni había hablado con ella des de que Estela se independizó hacia ya dos años. Solo había intercambiado cuatro palabras durante las comidas familiares, aunque Estela intentaba por todos los medios no acudir a ellas. En esas comidas siempre salía su madre preguntándole: “¿y todavía no has conocido a ningún chico?”. Y después venia la parte en que su madre le repetía que debía parecerse más a su hermana. Su hermana, Alexia, se reía y ponía una sonrisa de satisfacción para el resto de la comida después de todos los elogios que su madre le había dado. Alexia tenía dos años más que Estela, pero en madurez Estela le ganaba en cuatro.
Llegó a la parada. Intentó correr pero le fue imposible con los zapatos de tacón. Sin pensárselo se quito los zapatos y empezó a correr. Por suerte la iglesia estaba cerca de la estación de metro. Corrió hasta llegar. La puerta estaba cerrada. La abrió intentando hacer el menor ruido posible. Avanzo hasta la primera fila donde estaba su madre mirándola con su mirada asesina.
Lucia se estaba vistiéndose después de una relajante ducha. Ya que Estela no estaba, pensó en ir al restaurante de su amigo Arturo, allí comería y luego volvería a casa para corregir los exámenes de primero de la ESO. Decidió dejar las redacciones de tercero para el lunes ya que no tenía clase con ellos hasta el martes. El restaurante de Arturo estaba a una hora de casa y decidió coger la moto por si se encontraba mucho tráfico y por qué así le seria más fácil aparcar.
-Hola Lucia. ¿Una mesa para dos?
-No, hoy vengo sola German.
-Perfecto, pues ahora te preparamos la mesa de siempre y voy a avisar a Arturo.
Lucia se sentó en el sofá de la entrada, miró la carta. Pensó en pedirse algo diferente, algo que no fuera ensaladilla de primero y entrecot con patatas de segundo.
-Lucia, tu mesa esta lista.
-¿Cómo estas Arturo? Hace mucho que no se de ti.
-Pues aquí estamos, trabajando un poquito. ¿Ya sabes que vas a tomar?
-Si, lo de siempre.
-El día que pruebes algo distinto te voy a llevar al medico.
-Que gracioso eres Arturo, a ver si la próxima vez no voy a venir aquí y me voy al restaurante de enfrente.
-¡A ver si tienes cojones!
-Cojones no, pero ovarios sí.
Los dos se rieron. Arturo se fue y ella se quedó mirando por la ventana. Le encantaban las vistas. Le encantaba ver los niños que jugaban en el parque. Como subían y bajaban por el tobogán. Como corrían detrás de una pelota. Le encantaban los niños y tenia clarísimo que seria madre algún día. Siempre que iba allí con Estela intentaba hablar del tema, pero Estela siempre la interrumpía pidiendo más vino. Estaba claro que Estela no quería ni oír hablar del tema. Lo máximo que le había sacado Lucia era que ella no quería parir pero que si que le gustaría tener hijos pero más adelante. Lucia estaba de acuerdo, no quería tener hijos ahora, era demasiado joven para eso.
Arturo le llevó la ensaladilla.
-¿Quieres pan?
-Si que estas bromista hoy Arturo, ¿he comido algún día pan con la ensaladilla?- Arturo se rio.- ¿Qué estas intentando? Ah, vale ya lo entiendo, ¿es por eso que te dije del sexo no?-Arturo sin parar de reírse asintió con la cabeza.
Una semana antes de esto…
-¡Hola Arturo! ¿Cómo lo llevas?
-Fatal, tengo en la mesa 8 una señora muy desagradable que no para de quejarse por todo. Tiene una mala ostia.- Lucia miró hacia el fondo.
-¿La de rojo que esta con el hombre?
-Si, no puedo con ella.
-Eso es por que ayer no le dio…-Pasó un camarero por su lado.
-¿Qué quieres decir con eso?
-A ver, una mujer que esta satisfecha, pasara un buen día, de buen humor, una mujer que pide sexo y su maridito no se lo da, el día siguiente estará de muy mal humor y lo pagara con todo el mundo.
-¡Eso son chorradas! Esta es una borde y punto.
-Vale, lo que tu quieras, pero compruébalo, veras como tengo razón.
-Si, que voy y le digo: Perdona, de segundo quieres carne o pescado, ah por cierto, ¿ayer tuviste sexo?- Lucia empezó a reír.
-Pues si. – Seguía riendo. – No, a ver, lo que tienes que hacer es comprobarlo con gente que tengas cerca, de confianza.
Por eso Arturo había intentado ponerla de mal humor, si no lo conseguía es que había tenido sexo, según la teoría de Lucia. Arturo insistió.
-¿Pero hubo sexo o no?- Los dos se pusieron a reír.
Estela se sentó al lado de su madre, en la punta del banco. Por como la miraba su madre estaba claro que le iba a caer una broca peor de la que tubo cuando le rompió la carísima tele de plasma con un pelotazo. Su madre le había repetido mil veces que no se jugaba a pelota dentro de casa.
Estela odiaba las bodas, las consideraba teatro, puro teatro.
-Juan, ¿Quieres a Alexia como tu legitima esposa?
-Si quiero.
-Alexia, ¿Quieres a Juan como tu legitimo esposo?
-Si quiero.
-Yo os declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia.
A Estela le venían arcadas. Por fin la boda acabó y todos salieron de la iglesia. Estela conocía a poca gente, algunos primos lejanos y alguna que otra amiga de su hermana. Tenia clarísimo que comería y saldría de allí por patas poniendo cualquier excusa.

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Tarde de sentimientos

Escribir, cuando todo va mal solo te queda escribir. A lo mejor escribimos lo que tenemos miedo a decir en voz alta o lo que no nos atrevemos a decir. Tantas palabras pasan por mi mente y tan pocas salen por mi boca. A lo mejor cobarde es la palabra, cobarde por no decir lo que realmente pienso, por no defender mis ideas, por miedo a que puedan sentar mal, o simplemente a quedar mal. Miedo a hacer el ridículo, miedo a que te descubran. Que realmente sepan que esa sonrisa es falsa y que realmente por dentro estas destrozada. Que no puedes más y que si pudieras ahora mismo estarías llorando. Impotencia. Rabia, mucha rabia. Ganas de darle una patada a la pared o romper un armario con un puñetazo. Rabia y más rabia es lo que siento. Rabia es lo que hace que un 80% de las palabras de mi mente sean insultos. Y no insultos hacia otras personas, sino insultos dirigidos a mi misma por ser tan cobarde, por cagarla tantas veces. Escribir, escribir es lo único que me queda cuando mi corazón llora y mi cara sonríe. Cuando un día te levantas y no es tu día. Escuchas música para intentar animarte por que la música es una buena forma de evasión. Porque quieres desaparecer de ese sitio en ese momento. Quieres encerarte en tu habitación y dejar de pensar. Quieres soledad. Llorar. Dejar de sentir miedo. Rabia. Impotencia. Ser feliz. Quieres ser feliz. Ser tu misma y no pensar en que te pueden descubrir en cualquier momento. La verdad, me gustaría marcharme de aquí, empezar de nuevo y no volver a cometer los mismos errores, ser de otra manera. Que me conozcan como soy. Sin miedo. Ser valiente. Quiero ser valiente y un día levantarme y decirle a las personas que mas quiero como soy. Que ellos me acepten y así poder decir todos esos comentarios que en mi cabeza están restringidos para muchas personas y que solo unas pocas escuchan o leen a través de internet. Internet. Aquí soy valiente, aquí soy yo misma. Internet me hace fuerte. Pero luego cierro el ordenador y vuelvo a la vida real. Rabia. Impotencia. Tristeza. Vuelvo a ser cobarde.

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Mi mujer ideal

Todos los días la misma rutina, suena el despertador y me voy a trabajar, me paso 8 horas delante de un ordenador y vuelvo a casa en metro pensando en encontrar mi mujer ideal, buscando, mirando cada mujer que pasa por delante mio y analizando cada detalle, con la ilusión de que alguna de aquellas mujeres que me encuentro de camino a casa sea mi mujer ideal. Y así día tras día van pasando los días, los meses, los años. Tengo 22 años, me llamo Andrea y vivo en el centro de Barcelona. Antes pero, no era de aquí, era de Lleida, pero mis padres tuvieron una gran idea, y decidieron robar los bienes más preciados de una iglesia, bueno en realidad era una catedral. Los pillaron y después de días y más días de juicio, los condenaron a 10 años de prisión. Así que yo con 12 años que tenia entonces, fui a parar a un centro de acogida de Barcelona donde hice grandes amigos y también grandes enemigos. Fue difícil dejar atrás Lleida e ir sola a un lugar desconocido, a una ciudad tan grande como Barcelona donde no conocía a nadie. Pero día tras día, Barcelona era cada vez más mía. Me gustaba pasar las horas sentada en los bancos mirando como los niños bajaban por el tobogán y volvían a subir y volvían a bajar. Un día, hice 18 años y me fui de aquel centro de acogida que amaba y odiaba a la vez. Me busque piso y un trabajo de camarera por las mañanas y un trabajo de canguro por las tardes. No ganaba mucho dinero, pero era suficiente para sobrevivir. No estaba sola, tenia a mi mejor amiga, África, una chica divertida como yo, a quien le gustaba ir al cine cada sábado por la noche, una chica que no le gustaba la fiesta, ni beber bebidas alcohólicas, ni fumaba y le gustaba hacer deporte. Éramos las dos como dos gotas de agua, nos complementábamos muy bien y nunca discutíamos. Ella vivía debajo de mi piso, en el 5º 2da. Me acuerdo perfectamente, del día que nos conocimos. Era sábado, pero no un sábado cualquiera, sino que era navidad. Me la encontré sola en la escalera llorando y fui a consolarla aunque no la conocía de nada.
-¿Y tu familia?- le pregunté después de que ella se secara las lagrimas con un pañuelo que li di.
-No quieren saber nada de mi.- me contestó, triste pero a la vez indignada.
-¿Pero por qué?
-Estoy embarazada.
No hacia falta oír nada más, la abracé y la invité a ir a mi piso, ella aceptó. Una vez allí, sentadas las dos en el sofá con un paquete de pañuelos en la mano me explicó su historia con detalle. Me explicó que sus padres eran muy religiosos, y que para ellos que estuviera embarazada era muy grabe y más todavía si ella no les decía quien era el padre. Estaba de cuatro meses, por tanto no podía abortar por leí y tenia muy claro que ese niño sería suyo y que nadie se lo quitaría de sus manos, que lo cuidaría y lo amaría como nunca había amado a nadie. Desde ese día no nos hemos vuelto a separar. Nos veíamos cada día, un día en el 5º piso y otro día en el 6º. Después de tres meses decidimos ir a vivir juntas y me traslade al 5º piso. Nuestra convivencia era buena, no había discusiones y llegar a casa y encontrarla allí esperándome, era un regalo. Ella trabajaba en una tienda de moda, una tienda que solo se pueden permitir la gente que tiene dinero, de las más caras, pero a la vez de las que más venden. Al poco tiempo tubo su hijo, Javier. Nació sano, y era el niño más bonito que había visto nunca. En todo momento estuve al lado de mi amiga, ayudándola en un momento tan difícil y a la vez compartiendo ese momento tan bonito. Pocos días después ya estábamos todos en casa, África, Javier y yo. Nos complementamos tan bien como pudimos para cuidar del niño y darle una buena vida. Un gran día encontré trabajo de secretaria de un abogado que me pagaba un buen sueldo. Esto facilitaba todavía más poder combinarme con África para cuidar de Javier. Y tenía los fines de semana libres, por tanto, los tres íbamos a hacer actividades juntos. Andábamos por los parques o íbamos a ver museos o simplemente de compras. Que tiempos aquellos cuando paseábamos África, Javier y yo cogidos de la mano, mientras Javier gritaba: ¡Salto! Esa era la señal para que tiraras tan fuerte como pudieras de sus brazos y el niño se alzara dos palmos o más del suelo. Pero todo no dura para siempre, África un gran día encontró el amor de su vida y con mucha tristeza en el corazón pero a la vez con mucha ilusión se fue de casa con su hijo y me quedé sola. Nos veíamos, pero ya no era lo mismo, ya nadie me tenia hecha la comida cuando llegaba tarde de trabajar, ya nadie se quejaba por las noches por que tenia pesadillas, ya nadie hacia ruido jugando con las coches. Todo había cambiado, volvía a estar sola. Así que día tras día examinaba las mujeres que pasaban por delante mio cuando estaba en el metro. Un día, en un café, una mujer me miró disimuladamente. No hice caso, pero el día siguiente volvía a estar allí, sentada en la barra mirándome disimuladamente, haciendo ver que leía un diario. Nos pasamos una semana enviándonos miradas, hasta que un día me levanté de la silla, fui a la barra y le dije:
-¿Ya has terminado con el diario? Me gustaría leerlo.
-No, pero cuando termine te prometo que te lo llevo.
-Vale, pero creo que acabaras antes si lo lees del derecho.
La chica se puso roja y se giró. No me volvió a mirar más. El día siguiente no estaba, el otro tampoco. Y cuando ya pensaba que no volvería a verla, la encontré allí con el diario del derecho mirándome. No le hice caso, y seguí leyendo la revista que acababa de comprarme. Alguien se sentó delante mio, levanté la vista, era ella.
-¿Es interesante?
-Bueno, hay noticias que si y otras que no.
-A lo mejor si las miras del revés te parecen más interesantes.
Me puse a reír y comprendí que me había enamorado, con tan poco tiempo, sin conocerla, con solo mirarnos, con solo 4 frases. Nos dimos los teléfonos, quedamos, nos besamos y se vino a vivir conmigo. Todo iba bien, discutíamos poco y eso era bueno. Eran días de rutina, días aburridos. Al cabo de 2 años de vivir juntas, poniendo una lavadora encontré un papel en sus pantalones, era de un hotel. Le pregunte, sin miedo. Me contó varias historias en menos de 15 minutos, todas eran mentira. Le volví a pedir explicaciones, me lo volvió a negar hasta que un día, una marca de pintalabios en su camisa, le hizo decir la verdad, pero ella no sabe que esa marca la hice yo. La eché de casa, no quería saber nada de ella. No estaba dolida, solo no quería tener a mi lado una persona que no me quisiera. Era mejor para las dos si ella se iba. Cuando le conté lo que había pasado a África, me dijo que un sitio donde buscar una mujer era en internet, que me pusiera en un chat de estos en los que hay tanta gente. Lo hice, no perdía nada.
CHAT AMOR:
Sonia dice: Ostras es una gran historia Andrea.

Hace más de 15 años que Sonia y yo estamos juntas, tenemos 3 hijos, y vivimos en Girona. Es mi mujer perfecta, tuve suerte que le llames la atención mi perfil: Hola, me llamo Andrea tengo 32 años y busco a mi mujer ideal.

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Pisando mierda – Parte 13

-Bueno Joy, supongo nos veremos algún día.
-Claro que si, por favor llámame algún día. Y por favor no te olvides de mí. Tú para mí siempre serás como un hermano.
Acabamos los dos llorando, me fui llorando. De camino a casa no paraba de pensar en todos los momentos que viví a su lado. Podría contar tantas cosas sobre él, tantas anécdotas, no terminaría nunca. Y encima me tocaba enfrentarme a mi madre, a Sara y a sus hijas sin que él estuviera a mi lado y sin sus consejos. Estaba casi llegando a casa, sonó mi móvil, no podía cogerlo. Abrí la puerta del garaje y después de aparcar la moto mire quien me había llamado. Era Mónica. La llamé.
-Hola.-le dije un poco cortada después de todo lo que había pasado por la mañana.
-Hola reina, ¿como ha ido la vuelta a casa? No te he llamado antes por que he pensado que estarías cabreada.
-Bueno, me he enfadado con Sara y me he ido a casa de Raúl.
-¿Y has comido?
-No, pero la verdad es que tampoco tengo hambre.
-Tienes que comer…-La puerta del jardín se abrió y entró mi madre.
-Oye, luego te llamo.
Estaba metida en un buen lio. Pero después de todo lo que había pasado con Mónica y después de despedir a Marcos, me daba bastante igual.
-Hola Joy, ¿Qué haces aquí abajo?
-Mm… Mejor sube y que empiece a contártelo Sara por el principio.
Subimos por las escaleras en silencio. Ese momento de ir detrás de mi madre a pedir explicaciones a otra persona me recordaba tanto a cuando estaba papá. Él siempre estaba en casa, trabajando pero en casa y eso hacia que se enterara de todo. Si llamaba alguien, si llegaba tarde, si hacia mucho ruido… Él estaba allí en el comedor con su ordenador y nunca decía nada, ni un “llegas tarde”, ni un “baja la música”. Él se lo callaba todo y cuando llegaba mamá se lo contaba y ella me castigaba e intentaba razonar conmigo, aunque siempre decía que no lo conseguía. Hacia tanto que no había un momento de estos, de pedir explicaciones y luego castigar… Cuando se fue papá desaparecieron. Ya nadie me controlaba, nadie me decía nada, podía hacer lo que me diera la gana…
-A ver si lo he entendido, no has ido a clase, has llegado tarde a casa y encima te has cabreado con Sara y te has ido de casa cuando estabas castigada. ¿Qué? ¿Lo he entendido bien o hay algo más que todavía no sepa?-Silencio.- ¿Lo he entendido bien?
-Si…
-Ah, muy bien ¿Y que te parece?
-Mal.
Carla y Sofía bajaron corriendo por las escaleras. Carla iba delante gritando: ¡Mamá, me quiere pegar! Y Sofía iba detrás gritando: ¡Me ha roto el poster, mamá!
Por primera vez me alegré de que estuvieran en casa. No podían llegar en mejor momento. Tenia que decidir si ser una cobarde, y no enfrentarme a mi madre o ser valiente y contarle lo que había pasado, claro esta saltándome la parte de Mónica y yo en el parque.
Mi madre pidió a Sara que se fuera con sus hijas a discutir a la cocina para que pudiéramos hablar. Yo seguía pensando en mi respuesta. Mi madre volvió a insistir.
-¿Entonces que?
-Déjame contarte lo que ha pasado. -Silencio. Inspirar. Expirar.-He llegado a clase y…
-¿Y que?
-Y… Mónica me ha dicho que se encontraba mal, si la podía llevar a casa. Y al llegar a su casa ha empezado a vomitar y no quería dejarla sola. Y se me ha pasado la hora, y luego… Sara ha empezado a acusarme… Y me he ido al jardín y cuando estaba allí me ha llamado Marcos… Mamá.-No me dio tiempo a terminar la frase. Julia entro por la puerta de casa gritando mamá como si se fuera a terminar el mundo. Sara salió de la cocina seguida por sus dos hijas, las dos sin dejar de hablar.
-¡Silencio!- Las tres se callaron de golpe. – A ver Sofía ya sé que Carla te ha roto el poster y ya te he dicho que como castigo ella, con su dinero, te va a pagar uno de nuevo. Así que ya has oído Carla ya puedes pensar de donde vas a sacar el dinero, bueno mejor dicho yo te voy a decir de donde, limpiaras tu habitación toda la semana y yo te daré el dinero justo para que le compres el poster a tu hermana. Y no quiero oír nada más sobre el tema.- Carla y Sofía se fueron con cara de indignación. Mi madre y yo observábamos la escena desde el sofá. Julia y Sara seguían de pie. – ¿Y a ti Julia que te pasa?
-Mamá, Andrea se ha pasado tres pueblos, estábamos en el recreo y va la tía…
-Perdona Julia, pero… ¿podéis hablarlo en la cocina? Vale, después de esta interrupción, te ha llamado Marcos ¿y que?
-Y… se va vivir a Madrid.
-¿Con quien? -Volví a respirar hondo. Nunca le había dicho a mi madre que Marcos es gay, él era mi tapadera ¿como iba a decirle eso? Entonces se iba todo a la mierda, pero por otra parte… Marcos ya no podría ser mi excusa, pero claro entonces todas las excusas anteriores se iban a la mierda. Habíamos hecho creer a todos que éramos pareja y ahora decir que él era gay…
-Con un amigo.
-¿Por qué?
-Su padre lo ha echado de casa.
-Nunca he entendido esta historia, ¿pero que les pasó? ¿Por qué su padre lo trata así?
-No lo sé.-Miré al suelo. Eso me delató.
-Si lo sabes.-Silencio. ¿No confías en mí?

CONTINUARA…

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Pisando mierda – Parte 12

Sara se sentó a mi lado en el sofá.
-¿Qué se supone que debo hacer ahora?
-Tú nada, no eres mi madre.
-Tienes razón, no soy tu madre, pero tu madre me dijo que vigilara que llegaras temprano a casa y has llegado media hora tarde y encima no has ido a clase.
-Pues se lo dices y ella verá lo que hace conmigo.
-Sabes, si la situación fuera al revés, me gustaría que tu madre tuviera mano dura con mis hijas.
-¿En plan familia?
-Mira Joy, quiero mucho a tu madre, y lo único que deseo es que esto salga bien.
-Por mucho que quieras a mi madre no significa que tu pases a ser mi madre y tus hijas mis hermanas.
-Sé que no te caigo bien, es difícil entender que tu madre no esta con un hombre, a mis hijas también les pasa.
-Ah ¿Qué te crees que soy una homofóbica?-Sara puso cara de: ” Mierda en que follón me he metido”.- No tienes ni puta idea de nada y me da exactamente igual si mi madre me castiga de por vida. Paso de estar aquí.
Salí de casa, estaba muy cabreada, ¿como se atrevía a decirme homofóbica? ¿Ella que sabia de mi vida? ¿Acaso había hecho algo para intentar conocerme? Yo homofóbica, es como si un negro es racista con los negros. Que tontería más grande. Lo peor de todo es que se me pasaban por la cabeza millones de cosas que le podía haber dicho y que en ese momento no se me habían ocurrido. Y eso es lo que más me molesta, cuando estas discutiendo no sabes como defender tus argumentos, pero cuando te vas te pasan por la cabeza un montón de cosas que habría sido genial soltarlas en ese momento.
Llamé a Marcos, estaba en casa de Raúl. Aparqué la moto. La puerta de abajo estaba abierta. Subí con el ascensor al cuarto piso. El rellano estaba lleno de cajas y la puerta estaba abierta.
-¿Marcos?
-Entra Joy.
Marcos y Raúl estaban cerrando cajas en el comedor, me costó llegar hasta ellos para saludarlos.
-¿Necesitáis ayuda?
-No, si esto ya casi esta. Ahora terminamos de cerrar estas cajas y lo bajamos todo a la furgoneta y listo.
-Cariño, ¿puedes terminar tú? Me gustaría hablar un poco con Joy antes de irme.
-Claro amor no hay ningún problema.-Se dieron un beso y salimos al balcón.
-¿Cómo has conseguido que tu madre te deje venir a verme?
-Bueno, mi madre ahora no esta trabajando, y Sara, bueno a Sara la he dejado en casa después de que me llamara homofóbica.-Marcos de hecho a reír.
-¿Homofóbica tú?
-Si, cree que no aceptó su relación por que son dos mujeres.- Marcos seguía riéndose.-¿Te lo puedes creer?
-A ver Joy, esta claro que no te conoce un pelo, y seguro después de esto intentara conocerte mas, no le cierres las puertas. Deja que descubra lo mismo que sabe tu madre.
-No se, pero bueno esa no es la cuestión.-Lo abrasé.-No quiero que te vayas.
-Hazme caso por favor. Yo tampoco quiero irme.
Estuvimos hablando un rato y luego les ayude a bajar cajas a la furgoneta. Cuando terminamos nos despedimos. Lo abrasé muy fuerte, estaba diciendo adiós a mi compañero de clase, a mi mejor amigo, a mi tapadera, a mi confidente. ¿Qué iba hacer sin él? ¿A quien iba a llamar a las dos de la madrugada llorando por sentirme triste? ¿Quién me iba a entender tan bien como él? ¿Qué le iba a decir a mi madre cuando me preguntase con quien había ido de fiesta? Se iba Marcos. Estaba triste, pero a la vez contenta por él, sabia que le iría muy bien este cambio de aires después de todo lo ocurrido con su padre. Además iba a empezar una nueva vida junto a su pareja con quien llevaba ya cuatro años. Era un crio cuando empezaron a salir. Raúl, tres años mayor que Marcos, le ha enseñado tantas cosas Siempre me ha caído bien, siempre ha cuidado mucho de Marcos, y cuando Marcos más lo necesitaba él estaba allí. Raúl, tres años mayor que Marcos, le ha enseñado tantas cosas…

CONTINUARA…

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Pisando mierda – Parte 11

Nos pasamos toda la mañana tumbadas en la hierba abrazadas, dándonos besos en la frente, en la mejilla, en la boca. Todo con una delicadeza increíble. Estaba como en una nube. A ratos hablábamos, a ratos estábamos en silencio.
-Ahora mismo soy muy feliz.-Me dio un beso en la frente. La abrasé. Yo también lo era. Pero había pasado la línea que tanto temor tenía a pasar. Ella buscaba una relación estable conmigo. Lo sabía desde hacia mucho tiempo. Y yo no tenía nada claro si quería estar en una relación. La quería con locura pero temía que nuestra amistad acabara perjudicada y perdiera a mi mejor amiga.
Sonó mi teléfono. Sin separarme de Mónica lo cogí, era un número raro, no lo tenía guardado en la agenda.
-¿Si?
-Hola Joy, soy Marcos.
-¿Por qué no me llamas desde tu móvil?
-Mi padre me ha cortado la línea, este es el móvil de Raúl. Joy, necesito hablar contigo.
-¿Ha pasado algo?
-No, bueno si.
-¿Qué ha pasado?
-Joy, esta es la última tarde que paso en Barcelona.- Hizo una pausa.- Me voy a Madrid.
-¿Por qué?
-Raúl ha encontrado trabajo allí y me voy con él.
-Pero… ¿Y el bachillerato?
-Lo seguiré allí. Por favor, no quiero irme sin verte.
-¿Esta tarde?
-Si, me voy mañana a las 7.
-Joder, no se como lo voy a hacer, mi madre me tiene castigada sin salir.- Entonces recordé que tenia que volver pronto a casa. Miré el reloj. Las 2:30. Mierda ya tendría que estar en casa.-Marcos, te llamo luego.
-Por favor, quiero verte.
-Te llamaré y te diré como podemos hacerlo para vernos, yo tampoco quiero que te vayas sin despedirte. Un beso.- Colgué el teléfono. Me levanté.- ¿Recuerdas que estoy castigada?
-Si.- Miró el reloj y se dio cuenta de que ya habían pasado 4 horas.
Llegué a casa. Las 2:45. Hacia media hora tarde. Abrí la puerta y subí por las escaleras sin decir nada. Sara que estaba en el comedor me dijo:
-Joy, ven aquí por favor.
Bajé una escalera y sonó el teléfono. Me fui al sofá. Sara cogió el teléfono.
-Si, bueno Cristina no esta, pero puedo dejarle yo el mensaje.-Sara empezó a poner cara de extrañada.- ¿Cómo que no ha ido a clase en toda la mañana? Y si ha ido a la primera hora… ¿como ha salido del centro? Ya, muy bien, le daré el recado a su madre, si, le digo que te llamé. Perfecto. Gracias y buenas tardes.

CONTINUARA…

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